La Cava del Berguenard surge de una inquietud concreta: la mayoría de las revistas de vino hablan de grandes bodegas, puntuaciones y etiquetas de lujo. Nosotros queremos contar otra historia, la de los pequeños productores que trabajan viñedos viejos, elaboran con levaduras indígenas y deciden no corregir lo que la naturaleza ya ha hecho. Creemos que el vino natural no es una moda, sino una manera de leer el paisaje y de sostener economías rurales que de otro modo desaparecerían.
Nuestro método es sencillo: visitamos las bodegas, caminamos las parcelas, hablamos con quienes podan y vendimian a mano, y catamos cada vino sin prisas. No publicamos puntuaciones ni rankings. En su lugar, describimos lo que encontramos: la textura de un tinto de maceración carbónica, la acidez de un blanco criado en ánfora, el recuerdo de un suelo calcáreo. Cada número se construye alrededor de un territorio y de las personas que lo habitan.
Queremos que quien nos lea termine con una idea clara: el vino natural es accesible, diverso y profundamente local. Que sepa distinguir una añada difícil de una elaboración descuidada, que entienda por qué un vino con lías puede resultar más expresivo que uno filtrado, y que se anime a buscar en su mercado a esos productores que trabajan sin prisa. Si logramos que una copa se convierta en una conversación sobre el territorio, habremos cumplido.

Somos una publicación digital dedicada a la viticultura de pequeños productores y a la cultura del vino natural. Cada número es un recorrido por bodegas familiares, perfiles de enólogos artesanales y guías de añadas que buscan entender el paisaje antes que el mercado.
Escribimos para quienes quieren beber con criterio: sumilleres curiosos, cocineros de temporada, aficionados que visitan viñedos y lectores que prefieren una historia bien contada a una ficha técnica. Nuestro tono es cercano, sin dogmas, con el terroir como punto de partida.
La Cava del Berguenard nació en 2016 como un cuaderno de catas entre amigos y creció hasta convertirse en una publicación que sigue el rastro de pequeños productores, añadas singulares y prácticas de cultivo regenerativo.
Todo empezó con un cuaderno de tapas duras y una mesa de roble en Villa Madero. Anotábamos cada botella abierta, cada viñedo visitado y cada conversación con un enólogo artesanal. Esas notas se convirtieron en el archivo que hoy sostiene la revista.
Tras dos años de boletines digitales, publicamos el primer número en papel: un dossier sobre la Ribeira Sacra y sus bancales de pizarra. La tirada fue modesta, pero la respuesta de sumilleres y bodegueros nos confirmó que había un público para el vino de mínima intervención.
En plena cosecha atípica, lanzamos la guía de añadas, un registro sistemático de cada temporada con sus particularidades climáticas y sus efectos en la uva. Hoy es una de las secciones más consultadas por quienes buscan orientarse antes de comprar.
Decidimos dedicar un número completo a bodegas familiares que trabajan sin sulfitos añadidos y con levaduras indígenas. El reportaje abrió una red de colaboración estable: hoy más de cuarenta productores comparten sus historias con nosotros.
Ampliamos el calendario con catas dirigidas en Buenos Aires y visitas a viñedos de la región. Cada encuentro termina con una cata a ciegas y una conversación sobre terroir, sostenibilidad y el oficio de quienes cultivan la vid.
Hoy la publicación combina el archivo digital con ediciones impresas, entrevistas a sumilleres independientes y guías de maridaje de temporada. Seguimos siendo un equipo pequeño, pero con una convicción intacta: el vino natural cuenta historias que merecen ser leídas.
Bodegas, distribuidores y espacios de cata que confían en nuestra línea editorial