Cada número de La Cava del Berguenard empieza en una mesa llena de catálogos de bodegas, mapas de viñedos y notas manuscritas. Esta vez la conversación giró en torno a una pregunta incómoda: cómo cubrir la viticultura regenerativa sin caer en el mismo discurso de siempre.
La reunión comenzó con una lista de bodegas familiares que trabajan con mínima intervención en la provincia de Buenos Aires y en el sur de Mendoza. El criterio no fue el tamaño de la producción, sino la coherencia entre lo que dicen en la etiqueta y lo que hacen en la parcela. Descartamos tres proyectos porque sus prácticas de cultivo no coincidían con el relato comercial.
Esa decisión ocupó casi una hora. Al final quedó claro que la revista no busca sumar nombres, sino construir un mapa honesto de pequeños productores que realmente sostienen la viticultura sostenible. El lector que nos sigue valora precisamente esa distancia con las notas de prensa.
Para el próximo número decidimos estructurar el reportaje alrededor de una cata a ciegas con tres vinos de parcela y dos etiquetas comerciales. La idea es que el lector pueda comparar perfiles sin prejuicios: textura, acidez, persistencia y, sobre todo, la sensación de lugar que transmite cada copa.
El equipo de sumilleres que colabora con la revista propuso una guía de añadas para la región, con notas sobre la cosecha 2024 y las condiciones que marcaron la maduración. Esa guía ocupará un lugar central en la edición impresa, con referencias cruzadas a las bodegas visitadas.
Todavía estamos cerrando el calendario de ferias y catas dirigidas para la temporada de otoño. Hay dos visitas a viñedos confirmadas en la zona de Tupungato y una conversación pendiente con un crítico independiente que sigue de cerca la escena del vino natural en Buenos Aires.
La próxima sesión de planificación será en dos semanas. Para entonces esperamos tener definido el orden de los artículos y la selección final de fotografías, siempre con luz natural y paisajes que hablen del terroir sin necesidad de subtítulos.